ACOMPAÑANTE TERAPÉUTICO PARA NIÑ@S Y ADOLESCENTES EN SANTANDER

Si un adolescente o un niño/a necesita un AT es porque su conducta no es la apropiada (problemas en el hogar o en la escuela, problemas de consumo de sustancias, etc. ), porque tiene problemas para socializar o porque está atravesando una etapa en la que se siente perdido y sin rumbo en la vida.

En estos casos el entorno cercano puede haber agotado todas sus opciones para intentar ayudarlo y se encuentra frustrado y saturado por la situación (fundamentalmente los padres). El acompañante terapéutico entra en una escena que ya no puede avanzar, que está enquistada, y la observa con ojos nuevos, escucha (al adolescente y a la familia) con oídos nuevos y trae herramientas y opciones nuevas para intentar desbloquear la situación, para que el adolescente avance acompañado, escuchado, cuidado.

Y eso es importante, como acompañante pongo el eje en mostrar a los adolescentes que los límites cuidan, ya sean los que vienen de afuera como los que debemos aprender a cultivar adentro. Los adolescentes (todos hemos pasado por ahí) sienten que cuando les niegan cosas, cuando les obligan a llevar a cabo determinadas tareas, están imponiéndoles un castigo, una obligación, una pena decretada de manera gratuita sólo para hacerlos sufrir.

Es fundamental que comprendan que esos límites, esas indicaciones que se le imponen llevan un mensaje detrás, un mensaje enviado desde el afecto y la preocupación. Siempre he sentido que para los padres y madres esa es la tarea más dura durante la crianza. No se trata de que los chicos y chicas hagan todo lo que digan los adultos al pie de la letra, no queremos personas que crezcan sin voz propia, sin la capacidad de tomar decisiones por ellos mismos.

Pero queremos ayudarles a que aprendan de sus errores, que puedan generar vínculos sanos con sus padres sin necesidad de hacer cualquier cosa por pertenecer al grupo, que sepan cuidar de ellos mismos, que sus prioridades estén bien establecidas para que la vida (el mundo adulto que los espera) no se los lleve por delante… Porque nos preocupamos por ellos. Porque nos importan.

Cuando establezco un vínculo con el adolescente, cuando camino a su lado, cuando (me) comparto con él/ella, me importa, y pongo el cuerpo y el corazón para acompañarlo hacia un lugar de mayor crecimiento y bienestar.

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CASOS PRÁCTICOS DE ACOMPAÑANTE TERAPÉUTICO EN ADOLESCENTES Y NIÑEZ

Estos casos reales nos pueden aclarar los beneficios de solicitar un acompañante terapéutico para los adolescentes con algún problema para relacionarse.

→ Niño con síndrome de Down (Kevin, 9 años): acompañamiento en el domicilio.

El pedido de acompañamiento terapéutico surgió de la psiquiatra de Kevin con la intención de acompañarlo en actividades recreativas ya que, dadas las dificultades en la conducta, la impulsividad, la inquietud motora y los padres “ al tope de sus posibilidades de intervenir”, resultaba difícil la inclusión del niño tanto en la escena escolar como en cumpleaños, escenas con pares en general y actividades lúdicas.

Los padres habían planteado en un principio que el AT lo acompañara a clase de natación ya que a Kevin le encanta nadar, pero había tenido muchos problemas de conducta a la hora de asistir a la piscina, tanto en ella, durante la clase con profesor individual, como en el vestuario. “Es Daniel el terrible”, señala el padre. “La maestra del año pasado dio la mejor definición: Kevin, en lugar de mandarse un cagadote se manda cagaditas, de a poco, todo el día», agrega la madre.

Ambos padres refirieron que Kevin no medía el peligro. “Me esconde las llaves, le encanta tirar móviles: tiró el móvil de la hermana por la ventana, te llama y pone un pie afuera del balcón para que lo mires, te muestra que va a tirar la coca- cola…”. Subrayaron su necesidad de que haya público que presenciara sus exabruptos.

Más allá de la psiquiatra Kevin contaba con un amplio grupo de profesionales que formaban parte del equipo tratante desde pocos días después de nacer. Sobre el pedido que nos fue hecho, antes de pensar si íbamos a salir con Kevin a la calle, era necesario armar una escena anterior, en la casa, que nos permitiera establecer los cimientos del vinculo para luego poder encarar escenas más complejas.

En el inicio del dispositivo de AT empezamos con un acompañante por día, dos horas cada día, 3 días a la semana. Sin embargo, advertimos a la brevedad los riesgos que surgían en el contexto del hogar familiar: Kevin saliendo al balcón, el cual carece de malla de seguridad, metiéndose adentro de la lavadora mientras jugábamos al escondite o cuando se enfadaba, etc.

Por lo tanto decidimos aumentarnos en la escena para poder acompañarlo en la conducta compulsiva que se presentaba. Así que cambiamos el formato por dos días a la semana, dos horas por día, con dos acompañantes cada día, en simultáneo.

Con los días, se fue definiendo como herramienta fundamental el espejo: uno de los acompañantes espejaba algo de la conducta de Kevin cuando éste se cargaba de un enfado difícil de manejar y el cual no parecía tener raíz en ningún evento en concreto, o bien el acompañante se adelantaba a posibles actitudes disruptivas de Kevin actuándolas él/ella mismo/a, lo cual posibilitaba a Kevin ocupar un rol diferente, ya que el suyo ya estaba tomado.

Con el paso de los meses advertimos en Kevin la capacidad para poder expresar y anticiparse de un modo distinto a sus enfados y sus conductas desafiantes, por lo que trasladamos la escena a la calle y a la piscina. No sin dificultades, la apertura a estos espacios permitió la posibilidad de interacción con pares mediada por los acompañantes, lo que abrió nuevas perspectivas y posibilidades para el trabajo.